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Escrito por Mordisquitos
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En Gatos sin Fronteras, su protagonista, Remo, el gato que adoptó a Antonio Burgos, pidió a todos sus congéneres literatos del mundo que le escribieran contándole sus verdaderas historias, porque está hasta los bigotes de que los humanos hablen de ellos como si lo supieran todo, cuando está claro que los que verdaderamente saben de gatos son los gatos.
Gracias a su petición, los gatófilos han salido del armario y han transcrito todo lo que sus litergatos hacen, maúllan y piensan, sin censuras. El resultado son estos alegatos repletos de vidas y aventuras gatunas en los que podremos leer la biografÃa autorizada de Benito el Negro; conocer a Afrrael, sibarita y filósofo, a la estudiosa Miss Cifú, o a Marit y Laika, grandes amigas y compañeras de piso; descubrir cuáles son los gustos televisivos de Rayado o las habilidades de AntoñÃn Abrepuertas y Curro, campeón en el noble deporte de beber del grifo; enterarnos de que algunos, como Gurki, Muski y China Ghost, saben de leyes; reÃrnos con Arima, que odia que su mascota humana hable por teléfono o se vaya de viaje; o emocionarnos con la tristeza de Truchi, que llora con lágrimas de verdad la trágica pérdida de su gran amiga Angélica, ocurrida el 11-M... Y, por fin, enterarnos de que no hay dos gatos iguales y que siempre... ¡el nuestro es el mejor!
Remo, el protagonista de Gatos sin Fronteras, lo sabe: no es bueno que el gato esté solo. Y para hacerle compañia en la casa donde permite que vivan sus mascotas humanas porque le caen simpáticas, llegaron Rómulo, otro gato romano, de pelo corto atigrado y orejas grandes, y Adriano, un común europeo canela, de pelo más larguito y sedoso, ojos color miel, tranquilo, cariñoso y libertario. Juntos forman el noble triunvirato de los gatos callejeros, convertidos, por obra y gracia de los Burgos, en gatos de piso y en grandes estrellas de este libro, en el que vuelven a demostrar que cada gato es un único y maravilloso mundo.
Tal y como aparece en la web de Antonio Burgos, en una de las entrevistas que se hicieron al autor:
Ese libro ha alcanzado catorce ediciones en un año. ¿Cómo se ha pasado de los Gatos sin fronteras a los Alegatos de los gatos?
-Haciando un truco, al final de aquel libro Remo me arrebataba el ordenador y me escribÃa el epÃlogo. En él decÃa «bueno, este libro está bien, pero los que sabemos de gatos realmente somos los gatos; nunca estos señores a los que permitimos vivir en nuestras casas llegan a saber nada de gatos. Asà que yo invito -decÃa Remo- a todos los gatos del mundo a que escriban y cuenten sus historias, que entonces serán las verdaderas historias de gatos. A raÃz de aquel epÃlogo escrito por el gato Remo he recibido centenares de bellas, hermosas, conmovedoras, humorÃsticas, hilarantes, sentimentales, dramáticas historias de gatos, con las que he construido este segundo libro, que también lleva por dentro la novela de un gato, la novela del gato Adriano, que recogimos también abandonado en Tarifa, donde los camareros de un hotel querÃan darle el paseo, pero en el mismo sentido que se lo daban los españoles en ambos bandos del 36 al 39. Y salvamos a Adriano del paseo y lo trajimos a casa para que fuera emperador en la colonia romana con Remo y con Rómulo. El sentimiento de esa historia del gato Adriano, que no voy a revelar porque entonces me cargo el argumento del libro, es el que ha sido hilo conductor de estos alegatos de los gatos en los que van cientos de historias de gatos; por decirlo en términos de la literatura del siglo XVIII, los gatos contados por sà mismos. Es un maullido colectivo.
-¿Todo eso le ha revelado que hay mucha gente que convive con gatos y escribe bien?
-Escribe muy bien, porque el truco es siempre que un gato le ha quitado papel y pluma o el teclado de ordenador a alguien que vive en su casa con él. Y los que viven con gatos escriben muy bien. Yo sabÃa que el gato es un animal literario por los cuatro costados, de Baudelaire a Neruda pasando por GarcÃa Lorca o por Alberti; pero también es un animal literario en el sentido de que a quienes ellos les permiten vivir en su casa le acaban enseñando literatura, en este caso litergatura. Los relatos que yo he recogido en el libro están muy bien escritos, pero es que tengo carpetas y carpetas y archivos de ordenador con otros relatos que están exactamente igual de bien escritos. El gatos y el mundo de los humanos que viven con los gatos demuestran que el gato linda con la poesÃa y la literatura por los cuatro costados.
-O sea, que esa sobreabundancia de material puede querer decir que éste es el principio no sólo de una gran amistad sino de una saga.
-Pues sÃ, porque al final del libro va un agradecimiento que también lo ha escrito Remo, en el que verá relacionados todos los gatos que están en lista de espera. Y son tres páginas de gatos en lista de espera, que me han enviado el relato de su vida y que los tengo ahà para en cuanto pase un cierto tiempo y me ponga otra vez a trabajar en gatos hacer una tercera entrega, ya a lo mejor sin que ningún gato mÃo ponga sus garras en el teclado sino simplemente dándole voz o maullido a los gatos.
En el libro encontraremos, como ha quedado claro, historias de gatos, ¿de que iba a ir el libro? Realmente son historias de gatos, de gatos reales contados por sus observadores humanos, que tras años de observación, son capaces de distinguir y plasmar mediante la escritura, los comportamientos gatunos que solamente los gatófilos conocen, que se saben cuando convives con gatos.
El libro avanza por capÃtulos como No es bueno que el gato esté solo, donde se desmiente el mito de la buscada soledad gatuna, pues los gatos domésticos, los gatos de piso, son muy apegados, la historia del encuentro entre Rómulo y Remo, el difÃcil arte de bañar a un gato, las lecciones de solidaridad gatuna, muestras de sociabilidad entre gatos y su buena convivencia. Otras historias que resultarán familiares a gatófilos como La veterinaria desparasita...a Isabel, Adriano de masajes Shiatsu o los gatos tristes del 11-M.
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